Requiem por un jóven poeta

No pretendo hacer aquí un análisis exhaustivo de la obra. Líbreme Dios, que para eso doctores tiene la musicología. No. Simplemente quiero contaros lo que para mí significa esta obra en una de cuyas representaciones que tuve el inmenso placer de participar.

Pensemos en el punto de partida, justo cuando recibes la partitura de la obra y compruebas, en primer lugar, que no se divide en compases al uso sino en en minutos y segundos. La estructura no sigue una distribución lineal sino horizontal , remarcando la superposición de sonidos grabados, orquesta, coro y solistas. Todo ello configura un enorme, monumental collage sonoro cuya comprensión a holística está solo al alcance… ¿del autor?

Empiezas leyendo tu parte. A la vez que cantas requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis, suena la voz de un locutor leyendo el Tractatus lógico-phillosophicus de Wittgenstein en la parte en la que cuestiona el significado del lenguaje en las Confesiones de San Agustín. Al minuto, se escucha al presidente checoslovaco Dubcek pidiendo a su pueblo que no provoque a los invasores rusos. Poco después se superpone la voz de Juan XXIII condenando la violencia en el Concilio Vaticano II, a la que se une enseguida la lectura del fragmente del Ulisses de Joyce en el que narra el despertar a la madurez de Molly Bloom. Pasas varias páginas. Recordare Iesu pie sobre la voz de Konrad Bayer cuestionando la esperanza una y otra vez con segundos de diferencia. Le sigue un fragmento del Hey Jude de The Beatles y un poema de Mayakowsky.

Bernd Alois Zimmermann - Requiem fuer einen jungen Dichter

¿Qué quería decir el autor mediante esta armonía no ,- exclusivamente -, musical? Está claro que no son mezclas al azar, que siguen la lógica de la superposición de voces. ¿Dales el descanso eterno a aquellos que creen en las ideas porque no hay esperanza de que sobrevivan a la fuerza? Quién sabe.

A mi entender, la motivación de la composición, el requiem por la muerte por suicidio de los poetas Vladimir Mayakovsky, Konrad Bayer y Sergei Yesenin (el propio autor se suicidó poco después), es solo una excusa para plasmar, como dijo la crítica en el año de su estreno (1969), el espíritu de siglo XX condensado en una hora.

Lo que me gustaría motivar con este post es que un día de estos os tumbaseis en el sofá, mejor con algún libreto de la obra (http://audiolabo.free.fr/revue1999/content/libretto.pdf) y os dejaseis llevar tanto por la música como por los efectos. Imaginad una sala de conciertos en la que se oponen en los extremos un órgano, un acordeón, un coro, una orquesta sinfónica, un combo de jazz, solistas y un locutor con megáfono, por un lado, y un coro mixto por otro. Al mismo tiempo, en los laterales de la sala se enfrentan dos coros masculinos y todo el espacio está rodeado de altavoces que reproducen grabaciones sincronizadas en una inmensa mesa de mezclas situada en el centro. Solo la escena ya impresiona.

Escuchadla, tratad de buscar significados o no, pero no dejéis pasar la ocasión de conocer una de las, – quizás -, más monumentales composiciones musicales del siglo XX. Ahí os la dejo.

https://www.youtube.com/watch?v=DJNsrBKcT3o

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