A child of our time

serendipiadas

Solo quiero pediros una cosa: que busquéis un momento para escuchar el oratorio que inserto al final del texto. O hacedlo a ratos, si os resulta muy largo. Es una obra titulada “Un niño de nuestro tiempo”, y fue compuesta entre 1939 y 1941 por el británico Michael Tippet.

Cuando la escribió, Europa estaba siendo devastada, – una vez más -, por el odio y, como siempre, los niños eran las primeras y las más injustas de las víctimas. Por aquel entonces eran los judíos quienes sufrían la más absurda de las persecuciones (si es alguna no lo es) y a ellos se dedica la obra.

Pero hubo otros niños de nuestro tiempo unos años antes en Armenia, unas décadas después en Yugoslavia y todavía hoy en el Kurdistán y en Siria. Y seguirá habiendo niños del tiempo de otras gentes que vendrán después y que pagarán como chivos expiatorios…

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Requiem por un jóven poeta

No pretendo hacer aquí un análisis exhaustivo de la obra. Líbreme Dios, que para eso doctores tiene la musicología. No. Simplemente quiero contaros lo que para mí significa esta obra en una de cuyas representaciones que tuve el inmenso placer de participar.

Pensemos en el punto de partida, justo cuando recibes la partitura de la obra y compruebas, en primer lugar, que no se divide en compases al uso sino en en minutos y segundos. La estructura no sigue una distribución lineal sino horizontal , remarcando la superposición de sonidos grabados, orquesta, coro y solistas. Todo ello configura un enorme, monumental collage sonoro cuya comprensión a holística está solo al alcance… ¿del autor?

Empiezas leyendo tu parte. A la vez que cantas requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis, suena la voz de un locutor leyendo el Tractatus lógico-phillosophicus de Wittgenstein en la parte en la que cuestiona el significado del lenguaje en las Confesiones de San Agustín. Al minuto, se escucha al presidente checoslovaco Dubcek pidiendo a su pueblo que no provoque a los invasores rusos. Poco después se superpone la voz de Juan XXIII condenando la violencia en el Concilio Vaticano II, a la que se une enseguida la lectura del fragmente del Ulisses de Joyce en el que narra el despertar a la madurez de Molly Bloom. Pasas varias páginas. Recordare Iesu pie sobre la voz de Konrad Bayer cuestionando la esperanza una y otra vez con segundos de diferencia. Le sigue un fragmento del Hey Jude de The Beatles y un poema de Mayakowsky.

Bernd Alois Zimmermann - Requiem fuer einen jungen Dichter

¿Qué quería decir el autor mediante esta armonía no ,- exclusivamente -, musical? Está claro que no son mezclas al azar, que siguen la lógica de la superposición de voces. ¿Dales el descanso eterno a aquellos que creen en las ideas porque no hay esperanza de que sobrevivan a la fuerza? Quién sabe.

A mi entender, la motivación de la composición, el requiem por la muerte por suicidio de los poetas Vladimir Mayakovsky, Konrad Bayer y Sergei Yesenin (el propio autor se suicidó poco después), es solo una excusa para plasmar, como dijo la crítica en el año de su estreno (1969), el espíritu de siglo XX condensado en una hora.

Lo que me gustaría motivar con este post es que un día de estos os tumbaseis en el sofá, mejor con algún libreto de la obra (http://audiolabo.free.fr/revue1999/content/libretto.pdf) y os dejaseis llevar tanto por la música como por los efectos. Imaginad una sala de conciertos en la que se oponen en los extremos un órgano, un acordeón, un coro, una orquesta sinfónica, un combo de jazz, solistas y un locutor con megáfono, por un lado, y un coro mixto por otro. Al mismo tiempo, en los laterales de la sala se enfrentan dos coros masculinos y todo el espacio está rodeado de altavoces que reproducen grabaciones sincronizadas en una inmensa mesa de mezclas situada en el centro. Solo la escena ya impresiona.

Escuchadla, tratad de buscar significados o no, pero no dejéis pasar la ocasión de conocer una de las, – quizás -, más monumentales composiciones musicales del siglo XX. Ahí os la dejo.

https://www.youtube.com/watch?v=DJNsrBKcT3o

Un paquete para Richard McWilliams

Aquéllos que hayan tenido el placer de vivir la experiencia iniciática de seguir la serie Doctor en Alaska recordarán un capítulo (“La última forntera”) en el que Maggie le entrega a Ruth Anne un paquete para un desconocido, Richard McWilliams, con sellos de todas partes del planeta. El paquete en cuestión permanece en la estafeta a la espera de que alguien lo reclame.

Pasan los días y la curiosidad de los habitantes por conocer el contenido les lleva, en primera instancia, a radiografiarlo y, finalmente, a abrirlo. Dentro se encuentran un montón de objetos dispares y una carta escrita por un niño. En ella, el remitente explica que ha enviado ese paquete vacío a un destino al azar para que en él introdujesen un objeto representativo de dicho lugar, pidiendo que se reenvíe a cualquier otro destino con idénticas instrucciones. Así, la caja recorre el mundo y se va llenando de objetos de toda naturaleza, desde una caracola hasta unas castañuelas. Se inicia un debate sobre qué objeto sería representativo de Cicely y, después de rechazar las opciones más folclóricas, se impone la propuesta de Joel de enviar un termómetro. La razón: ha estado en las bocas de todo el pueblo.

Un objeto aparentemente anodino, global, que puede encontrarse en prácticamente cualquier parte del mundo, se convierte así en la materialización de la identidad de Cicely por una cuestión subjetiva, no observable a primera vista, pero que ahí está: ese termómetro no es como cualquier otro, es único en sí mismo y lleva algo de todos los cicelianos.

Supongamos que iniciamos un proceso similar con una grabadora en la que cada estafeta de destino debiera grabar unos minutos del programa de radio que suelan escuchar allí. Se me antoja que obtendríamos una instantánea de la realidad musical del mundo, más allá de lo folclórico, de lo puramente étnico o patriótico. Cosas que quizás nos resultarían familiares en su forma pero únicas en su contenido. Podríamos escuchar música que nos recordaría al jazz o al pop anglosajón de las últimas décadas pero en un idioma diferente y con rasgos, arreglos, escalas y voces que serían identificativos de la cultura que los adoptó, haciéndolescogiendo destino mcwilliamsos únicos. Incluso quizás más que la música más tradicional, posiblemente escuchada en círculos más reducidos. Pensad en la música de aquí, por ejemplo. A mucha gente le gusta el folk tradicional y puede escucharse habitualmente en determinadas situaciones y entornos pero, cuando conectas la radio en un dial popular, no especializado, no es lo que sueles escuchar, precisamente. O sí. Ahí lo dejo.

Con esa idea, escojo unos bonitos sellos, cierro la caja con la grabadora y busco un destino al azar en el mapamundi. Allá vamos.

  1. El proceso a seguir sería obtener temas musicales emitidos por emisoras de radio representativas de diferentes países en los que dichos temas sean populares en ese momento. Obviamente, tendría que tratarse de música hecha en el país o nos encontraríamos con doscientas copias de temas de, por ejemplo, Enrique Iglesias.

  2. Lo ideal sería que los temas fuesen solicitados directamente a las emisoras en cuestión, no extraídos de sus webs, si bien siempre queda este recurso en caso de que las emisoras sean reacias a responder y colaborar, algo que me resulta difícil de creer. Otra cosa es que lo hicieran a) en plazo y b) con las características antedichas; me temo que muchas aprovecharían para hace difusión gratuita de composiciones y autores en cuya promoción tuviesen interés. Riesgos con los que habrá que lidiar.

  3. A cada tema, – o mejor, selección de temas -, lo acompañaría una fábula inspirada en personajes y situaciones del país, en un tono que evitase un enfoque trágico pero que no dejase de ser realista y representativo de la cultura de ese país. Se trataría de relatos cortos, de no más de 1000 palabras y se someterían a valoración por parte de las propias emisoras o los departamentos de cultura y/o exterior de las embajadas, si bien esto podría restar espontaneidad al relato. Más riesgos solventables. Hay otras alternativas: páginas y personas en las redes sociales, por ejemplo, que se ofrezcan a valorar la “credibilidad” de la historia en función de la cultura autóctona (no se trata de que hagan crítica literaria).

  4. Necesitamos
    1. Una emisora de radio dispuesta a correr con la producción.
    2. Espónsores que faciliten lo anterior.
    3. Ideas.
    4. Ganas

¿Os apuntáis?

Hablando de cómic: álbumes imprescindibles

metabarones

Bien, pues a petición del respetable y sin que sirva de precedente, – o sí -, ahí va una selección de imprescindibles del cómic que recomiendo a quien quiera conocer lo más granado del género. No sé si están todos los que son, pero seguro que son todos los que están. En gustos y memoria, allá cada quien con su carga.

  • Torpedo 1936, de Sánchez Abulí con Jordi Bernet en la plumilla. Qué se puede decir de un clásico del género negro comparable a El halcón maltés en el cine y que forma parte indiscutible del ABC del cómic. http://www.zonanegativa.com/torpedo-1936-integral/
  • Fragmentos de la enciclopedia délfica, de nuestro paisano Miguelanxo Prado. Fanta-ciencia ochentera a paladas. Este caballero se encargó algo después de la edición en comic del serial radiofónico ‘Manuel Montano’, extraído de los sublimes delirios de Fernando Luna en el programa El Manantial de la noche,  no menos sublimes que aquellos con los que unos años antes nos deleitaba cada noche en otro espacio que marcó la existencia de este humilde juntaletras: Tris, Tras Tres.

Miguelanxo Prado se sale, además, en su poema visual De Profundis, una animación de sus dibujos al óleo (sí, al óleo) con la música de otro ínclito paisano, Nani García, que contó con la colaboración de otros grandes músicos como Ainhoa Arteta, por ejemplo. http://www.miguelanxoprado.com/index.php?idIdi=1&&su=8&cat=su   http://elcoleccionistadtbos.zonalibre.org/archives/096610.html  http://www.deprofundislapelicula.com/public/flash/universo_es.html

Habréis notado que no aparece ninguna referencia a historietas de superhéroes ni al género, no se si bien llamado, novela gráfica (excepción hecha de Maus). Además de que el primero no es santo de mi devoción, se han rodado no sé cuántas películas basadas en este tipo de obra, así que no vamos a descubrir nada nuevo a quien quiera tener una idea de qué leer para comprender por qué el cómic engancha tengas la edad que tengas y te dediques a lo que te dediques. Como en toda selección, sobrarán y faltarán. Somos todo oídos.