Nuevas maneras para nuevos públicos

Hace unos días hablábamos sobre el tipo y volumen de público que suele asistir a un concierto coral y de la necesidad de ir a buscar nuevas audiencias allá donde quiera que se encuentren, desde un punto de vista físico. Hoy vamos a seguir profundizando en el tema pero desde el punto de vista puramente promocional y artístico.

Las preguntas clave son: ¿cuánta gente creemos que está dispuesta a salir de su casa para asistir a uno de nuestros conciertos? ¿Está dispuesta a pagar por ello? ¿Cuánto? Solamente si somos capaces de responder a estas tres preguntas podemos programar y presupuestar objetivamente una temporada con más probabilidades de obtener superávit que de padecer déficit. Pero es que además necesitamos esa información para sentarnos a la mesa con posibles patrocinadores; nadie da nada por nada y nuestra moneda de cambio es, precisamente, el público que podamos aportar para que la marca o la institución de turno se den a conocer. Pero no lo valorarán solo en términos cuantitativos sino también cualitativos; les importa tanto cuánta gente movamos como de qué tipo de gente se trate. Los departamentos de marketing se pasan la vida segmentando y nosotros debemos hacer lo propio si queremos generar sinergias que les resulten de utilidad.

Existen, por supuesto, otros aspectos de naturaleza más subjetiva como la vinculación del coro con el área geográfica, la afinidad con la marca en cuanto a misión, visión y valores, lo laureado que haya resultado a lo largo de su historia, su longevidad, la originalidad del proyecto o la calidad artística pero en esta operación no resultan primordiales. Estamos hablando de audiencias medibles y en ese sentido tenemos claro que nuestra formación no es tan conocida como una estrella del pop. Bien. Pensemos. ¿Qué tiene una estrella del pop que no tengamos nosotros? Veamos:

– Él o ella salen en la tele y los conoce todo el mundo, le guste su música o no.

– Todos saben al menos el estribillo de algún tema suyo.

– Sus actuaciones van acompañadas de multitud de elementos que aportan espectacularidad.

En otras palabras:

– promoción,

– estilo musical y

– satisfacción.

Nosotros también podemos hacerlo; a otra escala, obviamente, pero podemos. Se trata de acertar con la estrategia. En la promoción, elegir el canal adecuado, en el estilo musical, programar obras que la gente reconozca y en la satisfacción, que nuestros conciertos resulten una experiencia lo más integral posible.

En el caso de un coro como el nuestro, si contratamos unas cuñas en la radio, inserciones en prensa, hacemos una buena labor de cartelería en OPIS y MUPIS, basamos nuestro repertorio en fragmentos de zarzuela, clásicos populares, folclore y música de película y montamos pantallas gigantes, efectos de iluminación y lanzamos fuegos de artificio… Bueno, no seremos estrellas del pop pero seguro que hacemos una buena taquilla.

El caso es que

a) no seríamos nosotros mismos y

b) quizás no atraeríamos el tipo de público que a nosotros y a nuestros espónsores nos interesa.

Más difícil todavía. Sabemos que contamos con un público muy minoritario, muy maduro (tanto en términos de mercado como literalmente con respecto a su edad) y muy circunstancial, esto es, rara vez se desplazará o abandonará alguna otra actividad ex profeso para asistir a uno de nuestros conciertos. ¿Qué necesitamos? Otro público, está claro: más joven, que tenga interés específico en nuestro repertorio y que esté dispuesto a pagar un precio razonable por una localidad. Además, que tenga unos ciertos hábitos de consumo y ocio dentro de los cuales encaje la asistencia a nuestros conciertos. Serán personas que probablemente consuman series en canales de pago y/o en streaming, pasen bastantes horas en las redes sociales, sean más de vídeo que de texto, a las que no les gusten los contenidos muy extensos, que quieren que cualquier actividad represente una experiencia lo más completa posible, que se interesen por la cultura y que deseen que todo aquello que incorporen a su vida ofrezca unos parámetros de calidad altos.

Pues parece que no era tan difícil. Ya sabemos a quién buscamos y qué le gusta. Sólo nos falta averiguar como llegar a ellos.

Está claro que nuestra estrategia de comunicación tiene que adaptarse a su medio, las redes sociales, sobre todo las basadas en el formato audiovisual. ¿En qué debe inspirarse entonces dicha estrategia? En contenidos, contenidos y más contenidos. Sabemos que hoy el usuario medio de Internet accede a más entradas de vídeo, animación (GIF) y memes que en forma de texto; recurramos entonces a ese tipo de material. Hoy día los medios convencionales se hacen eco a diario de las tendencias de consumo y de los contenidos virales en la red. Es más, con solo recurrir a una de las muchas aplicaciones gratuitas que se han desarrollado a tal fin, podemos saber qué hashtags son los más mencionados y qué términos son los más buscados. Dejémonos llevar por la corriente. Si lo que buscan es contenidos breves, directos, a ser posible divertidos y que merezcan ser compartidos, no les soltemos un discurso acerca de la estructura de la fuga. Lo considerarán una pérdida de tiempo, pasarán de largo en el muro y nuestra actitud les parecerá pedante. Lástima, habremos perdido una preciada audiencia potencial. Amigos, es la hora del ingenio, no cabe duda.

De acuerdo, vayamos un paso más allá. Supongamos que llegamos a ellos y despertamos su interés por nuestras actuaciones. ¿Cómo conseguimos que repitan?

Decíamos antes que buscan vivencias lo más integrales posible, necesitan experimentar cosas que puedan y merezcan la pena ser contadas tanto in situ como a la salida, como no, a través de las redes sociales. Ver a un puñado de señores de negro cariacontecidos cantando con los ojos clavados en una partitura no parece que forme parte de esa clase de cosas… Necesitamos darles espectáculo, sí, pero para eso no tenemos por qué disfrazarnos de funambulistas y cantar colgados boca abajo de un trapecio; está claro que saben que van a un concierto coral, no al circo. Pero sí que podemos experimentar con otros elementos a nuestro alcance. En primer lugar con el repertorio: lo de siempre ya se lo conocen, no les sorprende, pueden ver en su móvil la versión de la filarmónica de nosedónde dirigida por tal afamado director en calidad 4K en cualquier momento. Además, para ese repertorio ya tenemos nuestro fiel y maduro público de siempre. Necesitamos asombrar, interpretar algo que no se esperen de un concierto coral al uso, algo que no resulte tan fácil de encontrar en las plataformas de audio y vídeo.

Por otra parte, tenemos otras herramientas para sorprender, desde el atuendo hasta la disposición en el escenario (o fuera de él) pasando por la gestualidad, la sonoridad o, – muy importante -, la iluminación, el ambiente. No hay que interpretar un concierto, hay que emocionar con un concierto y nosotros tenemos que vivirlo para poder hacerlo vivir. A la salida, el público tiene que sentirse diferente de cuando entró. Como decíamos antes, amigos, es la hora del ingenio. ¡Suerte!

Publicado anteriormente en la página del Coro de Cámara Rías Baixas en Linkedin

Coros: versatilidad es la clave

Si preguntas a la gente de la calle si alguna vez han escuchado cantar a un coro, la mayoría de los que respondan afirmativamente te dirán que lo han hecho en alguna iglesia. Ítem más, seguramente como algo encuadrado en la ceremonia de celebración de una boda. Incluso el segmento de mayor edad habrán escuchado algún concierto que se celebraba al terminar la misa solo por curiosidad aprovechando que ya estaban allí… Si a eso sumamos que una buena parte del repertorio para coro es sacro nos encontramos en una coyuntura reduccionista que nos ayuda bien poco.

¿Debemos cambiar eso? Creemos que sí… y no. Consideramos más bien la necesidad de una base flexible que pueda adaptarse con la misma solvencia a un “bolo” que a un oratorio o una ópera; se trata de contar tanto con cantores muy solventes que puedan ejercer de solistas de su cuerda como con diferentes “capas” de segundos, terceros y cuartos “atriles” que puedas incorporar para ganar volumen de sonido sin que se altere el color y el empaste natural característicos del coro.

No se trata de tener una base profesional a la que sumar refuerzos semiprofesionales o amateur según las necesidades (modelo bastante extendido en Europa central) sino de contar con un cuerpo de cantores solventes técnica y solfeísticamente que por disponibilidad no puedan / suelan participar en todos los proyectos pero que puedan ser incorporados en cualquier momento si fuera necesario, sin alterar la personalidad del colectivo. Difícil, lo sabemos bien. Utilizando como símil el mundo empresarial, sería contar con una plantilla formada por trabajadores fijos, fijos discontinuos y algún eventual. Las empresas lo hacen por las mismas necesidades variables que comentamos en relación con las formaciones corales y si a ellas le funciona, ¿por qué a nosotros no nos va a ir bien el sistema?

No obstante, – y de aquí sale el tema del artículo -, hemos conseguido llevar la música de cámara y a los solistas a los bares y las orquestas a la calle pero la música coral sigue circunscrita al repertorio sacro, a los diferentes certámenes y concursos, a las iglesias y, con suerte, a los auditorios. Decíamos en otra entrada de hace unos días que si la montaña no va a Mahoma, al profeta no le queda otra que ir a la montaña pero resulta que en la montaña puede que no quepa mucha gente. Necesitamos versatilidad, en el elenco para poder formar desde un cuarteto a un gran coro, y en el repertorio para salir de las omnipresentes música sacra o popular-folclórica. Esta versatilidad nos acerca a otros públicos y nos abre muchas más vías de patrocinio. Eso sí, requiere un trabajo titánico por parte de la dirección artística y del equipo de producción para poder configurar una plantilla flexible y de plena garantía. He aquí el factor que puede diferenciar a una formación de otra.

(Artículo publicado anteriormente en https://www.linkedin.com/pulse/versatilidad-coro-de-c%25C3%25A1mara-r%25C3%25ADas-baixas)

 

 

Coros: ¿programar o no programar? He ahí la cuestión.

Hace unos días hablábamos con el director artístico de un coro profesional de Alemania sobre si en España sería posible seguir un modelo como el suyo, que incluye tanto la participación con carácter de coro invitado en proyectos organizados por orquestas e instituciones, como en proyectos de producción 100 % propia cuya concepción parte de su propia dirección y cuya gestión, financiación y materialización recae asimismo en el coro.

Nos preguntábamos si a un directivo o un político de aquí no le resultaría en exceso chocante negociar un mecenazgo, un convenio de colaboración o una programación de temporada con un coro; coincidimos de forma unánime en considerar que sí. De hecho ya vivimos alguna situación en la que nos indicaban con cierto asombro que la solicitud que presentábamos debía realizarla la orquesta, presuponiendo que nuestro papel en el proyecto estaba supeditado a la misma. Ciertamente no es común que un coro pueda producir de forma autónoma un espectáculo y que se responsabilice directamente de la contratación o el concierto de acuerdos de otro tipo con terceros (orquestas, solistas, directores, espacios culturales…). ¿Podría llegar a cambiar esto en algún momento?

En una coyuntura en la que, desgraciadamente, no pocas orquestas padecen profundas crisis que ponen en peligro su supervivencia parece que realmente difícil que haya espacio como para que salte a la cancha un nuevo jugador. Sin embargo ¿no podría aportar esto un nuevo punto de vista? ¿Facilitaría mayor movilidad a las orquestas? ¿Contribuiría a rentabilizar los proyectos negociar con un solo agente que presenta una estructura y una capacidad de repertorización más flexible que una gran orquesta y que llega, además, a un público más heterogéneo?

Nosotros creemos en la apertura a nuevos modelos que puedan revitalizar y universalizar el acceso a la música académica y en esa batalla los coros debemos jugar la baza de la cercanía a todo tipo de audiencias, incluso a las que no han pisado en su vida una sala de conciertos. La popularidad de la que hace gala el formato coral se ve demostrada por la cantidad de formaciones que podemos encontrar en barrios, parroquias y pueblos; si aprovechamos la simultaneidad de esa cercanía física con la versatilidad organizativa y con las expectativas que un evento coral despierta en las audiencias menos segmentadas estaremos contribuyendo indudablemente al acceso universal y asequible a la música culta y, por ende, a su difusión.

Sin embargo, contamos con un handicap difícil de salvar para que pueda llevarse a cabo un modelo como el de nuestro amigo alemán en España y es la ausencia de profesionalidad entre los integrantes de un coro. Dejando aparte los patrones de coro residente en una gran institución y/o adjunto a una orquesta, los ensembles que, – aunque por formación, vocación y calidad podrían autoproducirse y trabajar de forma autónoma -, dependen de la disponibilidad de sus cantores amateur a expensas de la compatibilidad de la actividad musical con sus obligaciones laborales. Y con esto llegamos a la cola de la pescadilla: si en la boca decíamos que si no se apuesta por la autonomía de los coros y su capacidad para programar sus propias temporadas estos nunca podrán dar el salto a la profesionalización, ahora volvemos al punto de partida reconociendo que si sus miembros no son profesionales les resultará muy difícil, si no imposible, llevar a cabo programaciones propias con un mínimo de calidad.

Alguien debe dar el primer paso. Nosotros estamos dispuestos a trabajar para lograr toda la autonomía posible, desde la objetividad y sin perseguir quimeras pero intentando ofrecer contenidos cada vez más ambiciosos en cuanto a alcance, complejidad y calidad. No obstante, para ello es imprescindible generar la confianza de los agentes económicos y de la administración en nuestra capacidad para llevarlo a cabo y para llegar a un público lo más masivo posible. Nuestra obligación es ganarse dicha confianza y conseguir el apoyo necesario para realizar esa labor de forma sostenible.

(Artículo publicado previamente en la página de Linkedin del Coro de Cámara Rías Baixas: https://www.linkedin.com/pulse/programar-o-he-ah%25C3%25AD-la-cuesti%25C3%25B3n-coro-de-c%25C3%25A1mara-r%25C3%25ADas-baixas)

Coros y amateurismo: ¿hasta que la muerte los separe?

Afortunadamente, en nuestro país las agrupaciones corales abundan en tanto en el entorno urbano como rural, lo cual demuestra una vez más el valor evolutivo, comunicativo e identitario del canto grupal, un fenómeno de carácter universal que encontramos en todas las culturas y civilizaciones.

Sin embargo se da en España un detalle que no deja de ser llamativo: el amateurismo es una constante en el mundo de la música coral. Los escasos coros profesionales se encuentran adscritos a una orquesta con carácter residente en algunos auditorios e instituciones. Somos conscientes de que estamos viviendo tiempos de crisis en cuanto a la sostenibilidad de no pocas orquestas en nuestro país, un fenómeno que podríamos analizar y con toda seguridad la mayoría de nosotros nos pondríamos de acuerdo en el origen del problema; pero no pretendemos extenderlo a los coros, no nos interesa el cuánto sino el qué necesitamos para ser considerados profesionales con todo lo que eso conlleva.

Coincidiremos en que poder vivir exclusivamente del canto coral es realmente complicado y solo está al alcance de los muy grandes; no es esa nuestra pretensión sino el hecho de que no dejen de considerarse profesionales a los miembros de un coro por el mero hecho de que compaginen su actividad musical con otros oficios. Y es que el omnipresente amateurismo es realmente formal y no funcional, puesto que un buen número de formaciones están compuestas por cantores con formación musical media o superior y que dedican tantas horas de estudio y ensayo para sacar un proyecto adelante como los miembros de la orquesta, con el handicap de tener que hacerlo a costa de su tiempo de descanso y de dedicación a la familia. Creemos que hay una demanda sin atender por los grandes coros profesionales residentes que puede y debe ser cubierta por formaciones autónomas, – y, por tanto, más versátiles – con todas las garantías de calidad. Nos basta observar la realidad del sector en otros mercados como Alemania o los países nórdicos para comprobar que es posible y necesario.

¿A cuánto estamos de conseguir que los coros sean tan seguidos por los medios, tan valorados y tan apoyados como pueden llegar a serlo las orquestas?

(Publicado con anterioridad en la página de Linkedin del Coro Rías Baixas)

No esperes que te encuentren. Sal a buscar.

Si existe un asunto sobre el cual el debate se mantiene permanentemente abierto ese es el de la financiación de la actividad cultural.
Existen diferentes políticas para otros tantos modelos económicos: las hay que se basan en considerar que es labor del estado el sostener y difundir la cultura con todos los medios posibles y las hay que consideran que la actividad cultural debe autofinanciarse y sobrevivir por sus propios medios.

Aún decantándonos por la primera de las opciones y dejando a un lado el dilema sobre si el reparto de recursos es o no justo (solo esto ya daría para hablar largo y tendido aunque luego introduciremos una reflexión al respecto), la verdad es que somos muchos los proclamados y pocos los elegidos; que no hay para todos, vaya. Y si no hay para todos, – y esta es la reflexión que anticipábamos -, se llevarán más aquellos que tengan un mayor seguimiento de público (al menos sobre el papel). El mismo paradigma se puede aplicar a la financiación privada; los posibles mecenas y patrocinadores favorecerán prioritariamente aquéllas actividades que le faciliten el acceso y aporten valoración de marca a su público objetivo. O sea, que no llega con conseguir audiencias, sino que éstas tienen que responder a los objetivos estratégicos de los espónsores. Por ejemplo, una marca de bebidas energéticas no va a tener demasiado interés en una audiencia con una media de edad de más de 50 años, por poner una cota, pero puede que sí lo tenga una bodega de vinos. Es el más difícil todavía. Se nos está pidiendo a las entidades culturales que pongamos algo encima de la mesa antes de empezar a hablar de ayudas y patrocinios; esa es la realidad, nos guste o no. Si tú me traes clientela, yo te ayudo a organizar las actividades que la atraigan.

Pero sucede que los índices de asistencia a conciertos corales, salvo honrosas excepciones, no son precisamente para echar cohetes y encima puede que la audiencia ni siquiera responda al perfil que demandan los patrocinadores. Llegó el momento de salir a buscar al público allá donde esté. Toda creatividad es poca en este sentido y, con toda seguridad, va a requerir un cambio de mentalidad. Quizás haya que modificar la selección de repertorio o abrir las puertas de par en par y dejar salir nuestra música a los espacios en los que está la gente que quizás no haya asistido a un concierto en su vida o ni siquiera haya escuchado jamás una obra coral.

Es posible que tengamos que empezar a ofrecer conciertos en la calle, en los mercados, en los centros comerciales, en las fábricas o en los bares. Por pequeño que resulte el porcentaje, con seguridad habrá una parte de ese público sorprendido que repita y comience a asistir a conciertos corales. Al menos merece la pena intentarlo.

(Publicado inicialmente en el perfil de Linkedin del Coro de Cámara Rías Baixas).

Coros: del amateurismo a la profesionalización. Modelo de gestión y plan de marketing.

Os pido disculpas por no reproducir en la entrada del blog el texto íntegro, porque son unas 42 páginas.

A cambio, os facilitaré el link para descargarlo de Google Drive y que podáis leerlo con mayor comodidad en el dispositivo que queráis.

El artículo trata sobre la constante que en España se aplica a los coros, que es su carácter amateur, y de las reflexiones y puntos de estudio que deberían abordarse para abrir un proceso de transición hacia su  profesionalización.

Espero que os guste.

https://drive.google.com/file/d/1RW3nn15LYitLSQt6A66uAKiZLGRsuYAk/view?usp=sharing

Missa Ioanna Arcensis, de Brais González

El Coro de Cámara Rías Baixas y el ensemble Caspervek ponen música a La Pasión de Juana de Arco.

La Pasión de Juana de Arco, de 1.928, está considerada una de las mejores películas jamás realizadas. Su creador, Carl Theodor Dreyer, no dudó en sacrificar la fidelidad histórica de los hechos narrados (el procesamiento por herejía de Juana) para destacar con toda crudeza el horror que conlleva la impiedad de los acusadores y verdugos. Para sustentar esta carga de dramatismo recurre a un rodaje basado en primeros planos y los encuadres hacen énfasis en los rasgos faciales y las expresiones de los actores lo cual, sumado al tratamiento de las texturas y la duración de los planos, contribuye al realce de lo místico como motivación artística de su creador.

El visionado de la película inspiró al compositor Brais González y a Bruno Díaz, director artístico del Coro de Cámara Rías Baixas, quienes habían colaborado ya en otros proyectos, la composición de una banda sonora acorde con el carácter patético y reivindicativo de la figura de la santa que enmarca la narración. Fue por esta razón que se decidió que se tratase de una misa de réquiem.

El estreno absoluto de la Missa Ioanna Arcensis para piano, ensemble y coro mixto, de Brais González, será simultáneo a la proyección del filme y tendrá lugar el próximo 2 de mayo en Vigo, en el Auditorio Martín Códax a las 20:00, integrado en la programación conjunta de los festivales Primavera do Cine y Nas Ondas. Posteriormente se representará además la versión para piano y coro mixto los días 4 de mayo en Vigo, 10 de mayo en Monforte de Lemos (Lugo) y el 2 de junio en Redondela (Pontevedra).

El Coro de Cámara Rías Baixas destaca por su especialización en la aportación coral a grupos instrumentales de todo tipo, habiendo acompañado a formaciones como la Orquesta de Cámara Galega, la Orquesta de Cámara Rías Baixas, la Orquesta Sinfónica de Galicia, la Real Filharmonía de Galicia o la Orquesta Sinfónica Vigo 430, entre otras. De la colaboración habitual con esta última se puede destacar la realización de las óperas Rigoletto y Macbeth, la Misa de la Coronación y el Réquiem de Mozart o la versión historicista del Gloria de Vivaldi bajo la dirección de Lina Tur Bonet. En el programa de la presente temporada destaca, además de su participación en diferentes festivales, la interpretación del Réquiem de Cherubini.

La motivación artística de este coro se sustenta en mantener el mayor grado de autonomía posible en sus programaciones, basando estas en la generación de sinergias con formaciones instrumentales, ya sean sinfónicas o de cámara, así como con compositores contemporáneos.

Contacto:

https://www.cororiasbaixas.com/

http://www.braisgonzalez.com/

http://caspervek.com/

A child of our time

serendipiadas

Solo quiero pediros una cosa: que busquéis un momento para escuchar el oratorio que inserto al final del texto. O hacedlo a ratos, si os resulta muy largo. Es una obra titulada “Un niño de nuestro tiempo”, y fue compuesta entre 1939 y 1941 por el británico Michael Tippet.

Cuando la escribió, Europa estaba siendo devastada, – una vez más -, por el odio y, como siempre, los niños eran las primeras y las más injustas de las víctimas. Por aquel entonces eran los judíos quienes sufrían la más absurda de las persecuciones (si es alguna no lo es) y a ellos se dedica la obra.

Pero hubo otros niños de nuestro tiempo unos años antes en Armenia, unas décadas después en Yugoslavia y todavía hoy en el Kurdistán y en Siria. Y seguirá habiendo niños del tiempo de otras gentes que vendrán después y que pagarán como chivos expiatorios…

Ver la entrada original 80 palabras más

Requiem por un jóven poeta

No pretendo hacer aquí un análisis exhaustivo de la obra. Líbreme Dios, que para eso doctores tiene la musicología. No. Simplemente quiero contaros lo que para mí significa esta obra en una de cuyas representaciones que tuve el inmenso placer de participar.

Pensemos en el punto de partida, justo cuando recibes la partitura de la obra y compruebas, en primer lugar, que no se divide en compases al uso sino en en minutos y segundos. La estructura no sigue una distribución lineal sino horizontal , remarcando la superposición de sonidos grabados, orquesta, coro y solistas. Todo ello configura un enorme, monumental collage sonoro cuya comprensión a holística está solo al alcance… ¿del autor?

Empiezas leyendo tu parte. A la vez que cantas requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis, suena la voz de un locutor leyendo el Tractatus lógico-phillosophicus de Wittgenstein en la parte en la que cuestiona el significado del lenguaje en las Confesiones de San Agustín. Al minuto, se escucha al presidente checoslovaco Dubcek pidiendo a su pueblo que no provoque a los invasores rusos. Poco después se superpone la voz de Juan XXIII condenando la violencia en el Concilio Vaticano II, a la que se une enseguida la lectura del fragmente del Ulisses de Joyce en el que narra el despertar a la madurez de Molly Bloom. Pasas varias páginas. Recordare Iesu pie sobre la voz de Konrad Bayer cuestionando la esperanza una y otra vez con segundos de diferencia. Le sigue un fragmento del Hey Jude de The Beatles y un poema de Mayakowsky.

Bernd Alois Zimmermann - Requiem fuer einen jungen Dichter

¿Qué quería decir el autor mediante esta armonía no ,- exclusivamente -, musical? Está claro que no son mezclas al azar, que siguen la lógica de la superposición de voces. ¿Dales el descanso eterno a aquellos que creen en las ideas porque no hay esperanza de que sobrevivan a la fuerza? Quién sabe.

A mi entender, la motivación de la composición, el requiem por la muerte por suicidio de los poetas Vladimir Mayakovsky, Konrad Bayer y Sergei Yesenin (el propio autor se suicidó poco después), es solo una excusa para plasmar, como dijo la crítica en el año de su estreno (1969), el espíritu de siglo XX condensado en una hora.

Lo que me gustaría motivar con este post es que un día de estos os tumbaseis en el sofá, mejor con algún libreto de la obra (http://audiolabo.free.fr/revue1999/content/libretto.pdf) y os dejaseis llevar tanto por la música como por los efectos. Imaginad una sala de conciertos en la que se oponen en los extremos un órgano, un acordeón, un coro, una orquesta sinfónica, un combo de jazz, solistas y un locutor con megáfono, por un lado, y un coro mixto por otro. Al mismo tiempo, en los laterales de la sala se enfrentan dos coros masculinos y todo el espacio está rodeado de altavoces que reproducen grabaciones sincronizadas en una inmensa mesa de mezclas situada en el centro. Solo la escena ya impresiona.

Escuchadla, tratad de buscar significados o no, pero no dejéis pasar la ocasión de conocer una de las, – quizás -, más monumentales composiciones musicales del siglo XX. Ahí os la dejo.

https://www.youtube.com/watch?v=DJNsrBKcT3o

Un paquete para Richard McWilliams

Aquéllos que hayan tenido el placer de vivir la experiencia iniciática de seguir la serie Doctor en Alaska recordarán un capítulo (“La última forntera”) en el que Maggie le entrega a Ruth Anne un paquete para un desconocido, Richard McWilliams, con sellos de todas partes del planeta. El paquete en cuestión permanece en la estafeta a la espera de que alguien lo reclame.

Pasan los días y la curiosidad de los habitantes por conocer el contenido les lleva, en primera instancia, a radiografiarlo y, finalmente, a abrirlo. Dentro se encuentran un montón de objetos dispares y una carta escrita por un niño. En ella, el remitente explica que ha enviado ese paquete vacío a un destino al azar para que en él introdujesen un objeto representativo de dicho lugar, pidiendo que se reenvíe a cualquier otro destino con idénticas instrucciones. Así, la caja recorre el mundo y se va llenando de objetos de toda naturaleza, desde una caracola hasta unas castañuelas. Se inicia un debate sobre qué objeto sería representativo de Cicely y, después de rechazar las opciones más folclóricas, se impone la propuesta de Joel de enviar un termómetro. La razón: ha estado en las bocas de todo el pueblo.

Un objeto aparentemente anodino, global, que puede encontrarse en prácticamente cualquier parte del mundo, se convierte así en la materialización de la identidad de Cicely por una cuestión subjetiva, no observable a primera vista, pero que ahí está: ese termómetro no es como cualquier otro, es único en sí mismo y lleva algo de todos los cicelianos.

Supongamos que iniciamos un proceso similar con una grabadora en la que cada estafeta de destino debiera grabar unos minutos del programa de radio que suelan escuchar allí. Se me antoja que obtendríamos una instantánea de la realidad musical del mundo, más allá de lo folclórico, de lo puramente étnico o patriótico. Cosas que quizás nos resultarían familiares en su forma pero únicas en su contenido. Podríamos escuchar música que nos recordaría al jazz o al pop anglosajón de las últimas décadas pero en un idioma diferente y con rasgos, arreglos, escalas y voces que serían identificativos de la cultura que los adoptó, haciéndolescogiendo destino mcwilliamsos únicos. Incluso quizás más que la música más tradicional, posiblemente escuchada en círculos más reducidos. Pensad en la música de aquí, por ejemplo. A mucha gente le gusta el folk tradicional y puede escucharse habitualmente en determinadas situaciones y entornos pero, cuando conectas la radio en un dial popular, no especializado, no es lo que sueles escuchar, precisamente. O sí. Ahí lo dejo.

Con esa idea, escojo unos bonitos sellos, cierro la caja con la grabadora y busco un destino al azar en el mapamundi. Allá vamos.

  1. El proceso a seguir sería obtener temas musicales emitidos por emisoras de radio representativas de diferentes países en los que dichos temas sean populares en ese momento. Obviamente, tendría que tratarse de música hecha en el país o nos encontraríamos con doscientas copias de temas de, por ejemplo, Enrique Iglesias.

  2. Lo ideal sería que los temas fuesen solicitados directamente a las emisoras en cuestión, no extraídos de sus webs, si bien siempre queda este recurso en caso de que las emisoras sean reacias a responder y colaborar, algo que me resulta difícil de creer. Otra cosa es que lo hicieran a) en plazo y b) con las características antedichas; me temo que muchas aprovecharían para hace difusión gratuita de composiciones y autores en cuya promoción tuviesen interés. Riesgos con los que habrá que lidiar.

  3. A cada tema, – o mejor, selección de temas -, lo acompañaría una fábula inspirada en personajes y situaciones del país, en un tono que evitase un enfoque trágico pero que no dejase de ser realista y representativo de la cultura de ese país. Se trataría de relatos cortos, de no más de 1000 palabras y se someterían a valoración por parte de las propias emisoras o los departamentos de cultura y/o exterior de las embajadas, si bien esto podría restar espontaneidad al relato. Más riesgos solventables. Hay otras alternativas: páginas y personas en las redes sociales, por ejemplo, que se ofrezcan a valorar la “credibilidad” de la historia en función de la cultura autóctona (no se trata de que hagan crítica literaria).

  4. Necesitamos
    1. Una emisora de radio dispuesta a correr con la producción.
    2. Espónsores que faciliten lo anterior.
    3. Ideas.
    4. Ganas

¿Os apuntáis?